viernes, 10 de diciembre de 2010

A Carroll...


A Carroll...


Paseando por el viejo huerto de la casa de mis abuelos, me topé con un árbol que tenía un gran agujero en el pie. Por él vi desaparecer raudamente un rabo de conejo, y decidí seguirlo y curiosear.
          Resultó en un túnel bastante amplio y, aunque sintiéndome estúpido, me interné en él gateando.
          Al final encontré un bosque en el que había preparada una mesa de té para varias personas.
          Pero allí solamente había dos personajes muy singulares que me invitaron a compartir la mesa donde celebraban sus no-cumpleaños, dejándome boquiabierto.
          Durante algunos segundos intenté dar explicaciones sobre mí y mi inesperada aparición en su bosque.
          Enojados y aburridos ante mi insensata racionalidad, el Sombrerero y la Liebre desaparecieron raudamente.
          No me quedó más remedio que volver a mi propio mundo, cargando ahora con un secreto. Al salir, tapé cuidadosamente la entrada del pozo, con un macetón de begonias.
         Hasta hoy me pregunto qué habría sido del pobre lirón, que se quedó solo y dormido en la tetera...



Nedda
Año 2009