miércoles, 20 de julio de 2011

Amores fallidos de Númenor 7)


FREYA IV

     Entre nosotros los numenóreanos ya no queda ninguna esperanza. Las grietas ardientes que se abren tras los estertores de la tierra, las aguas embravecidas y los rayos incesantes que desgarran el cielo, confirman la certeza de nuestra derrota.

     Todo se derrumba. Las gentes corren de un lado a otro con los rostros llenos de espanto. Si nombran a Ar-Pharazôn, es para maldecirlo.
Sólo Sauron ríe, resguardado en el Templo, multiplicando los sacrificios para complacer a Melkor el Grande.

     Melindómol ya no pertenece a este mundo, mi corazón lo sabe. Por lo tanto, nada hay que me consuele ni que me ate aquí.
     Poco antes de su partida me detuve frente a él, y dejé que leyera en mis ojos; ya no pude seguir fingiendo indiferencia. Se conmovió... ¡Pude sentirlo! Tal vez recordó cuando éramos niños, y juramos al pie del Menltarma que no permitiríamos que nada ni nadie nos separase.
El destino nos jugó una mala pasada, y sus promesas quedaron olvidadas.

     La enemiga también ha desaparecido ¿Se habrá ocultado para esperar el final, o habrá logrado escapar de la isla con los rebeldes?

     Ya no me importa. Hoy soy yo quien está en los acantilados viendo acercarse a la Muerte, tan grandiosa como la imaginaba, y tan temprana como la deseo. La aguardo de pie: no temo a las fuerzas que me arrastrarán al abismo donde yacen las tinieblas de la condena.

     Mi única debilidad son estas lágrimas inútiles que se escurren sin mi consentimiento, y se secan con el viento.

     Veo una gran ola verde coronada de espuma, que avanza y se agiganta. Es como si el mar entero se vaciara para ir a colmarla, y transformarla en una muralla lista a desplomarse sobre Númenor. ¡Nada podrá resistir a tal monstruosidad!

     Si... es imposible que algo sobreviva. Pero aún cuando me hunda irremediablemente en lo más profundo, iré tras él una vez más, si es que el Oscuro permite que encuentre un camino...



No hay comentarios: