domingo, 17 de julio de 2011

Amores fallidos de Númenor 3)

 
Freya II


    ¡Cómo se escurre el tiempo que falta para su partida!

   Anoche permanecí durante horas frente a su puerta disfrazada de mendiga,  contentándome con imaginar que era su sombra amada la que se vislumbraba a través de las cortinas que yo misma bordé.

   Lo imaginé en sus brazos, debilitado por palabras melosas e intrigantes. Y ahora que mi decisión está tomada, no cederé a la compasión ni al arrepentimiento.

   Fue ella quien se interpuso entre nosotros y sembró en mí la impredecible semilla de la desesperación.

   Él tampoco es feliz, lo he visto en sus ojos oscurecidos y en la línea que atraviesa su frente como una cicatriz.

   Un hombre como él no puede ni debe renunciar a su destino de grandeza, tan solo por acceder a los deseos de una advenediza sospechada de Rebelde.

   ¡Sería yo quien tendría que estar a su lado alentando su decisión y su coraje con mi devoción!

   ¡Ay! este Palacio me ahoga. Los relámpagos con que nos azotan los Señores de Occidente, lastiman mis ojos.

   Pero en vez de lamentarme buscaré la forma de verter en la copa de la intrusa, un veneno que no deja huellas y que pondrá las cosas en su lugar.

   No hay precio para pagar la felicidad que me espera, así que Sauron tendrá cuanto me ha pedido.

   Y si fracaso... ¡que la Muerte nos lleve a todos!

   Me he extraviado en mis propios pensamientos, y ahora veo que se acercan las esclavas que prepararán la mesa para el banquete de despedida ¡Será ahora, o nunca!



(Haleth – Nedda González Núñez)

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