domingo, 17 de julio de 2011

Amores fallidos en Númenor 4)


Winlilith III

 

   La cocina está alterada esta mañana, sirvientes y esclavos, y el mismo mayordomo, han estado cometiendo faltas sin sentido. Rompiendo la vajilla y dejando caer la comida.

Hasta donde logro entender, todo se debe a que uno de los sirvientes ha creído ver a Freya por la noche, rondando la casa.
¨Una buena amiga¨ dijo Melindomól al presentarla, y vi resquebrajarse el rostro patricio de la mujer en un gesto de dolor, mientras inclinaba la cabeza para saludarla.
Cuando cruzamos la mirada, ya había retomado el control de su expresión. Sin ese instante clarividente, solo podría considerar a Freya como una más de esta ciudad trastornada. Pero de alguna manera está atada a esta casa. Igual que yo.
Tal vez quiera ayudarme ¡Necesito una amiga! Helenna es demasiado joven para compartir mis pesares, o aún, para comprenderlos. A veces pienso que siempre será una niña. Sus pensamientos son claros,  sencillos como el vuelo de un pájaro.
Tal vez, sea Freya la mensajera que me anunció el hombre joven y hermoso que se acercó a mí, en el puesto de los cesteros, recitando

¨Camino triste,
en la orilla del mundo.
¡Te busco, Eterno!¨

Cuando lo oí, el corazón me dio un vuelco y tú pateaste con fuerza, pero no pude dejar de contestar

¨Quiero a tus manos
 entregar mi destino.
 Cierro los ojos¨

Y el terminó la oración:

 ¨Tu luz espero.
  Faro, delante mío
  Fin del camino...¨

Fue casi como estar en casa. Pero desapareció entre la gente, dejándome sola y temblorosa, con una multitud de emociones confusas que se agolpaban en mi cabeza, y no lograba recordar que había ido a buscar al mercado.
Cuando encontré la nota en mi canasta marcada con la inicial “M” de mi amado,  supe que era un secreto de los tres. Y no me sentí tan sola.

                                 (Gaeren – Marina Feltrin)

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