viernes, 17 de febrero de 2012

Transmutación



Apenas la conoció, supo que su amor sería para siempre. El “para siempre”, que tiene como único límite el que impone la muerte.
        No supo si lo embrujaron su pelo liso y brillante, la mirada oscura o la risa contagiosa. Totalmente subyugado, se perdió en el cuerpo envuelto en sábanas de seda o en la sola perfección de su piel. Y poco a poco sintió como sus sentimientos echaban raíces.
        Las raíces habían crecido enredándose sutilmente en sus vísceras. Se alimentaban de su sangre y de su linfa; de cada uno de sus humores.
        Las que crecían dentro del pecho eran finas y delicadas; se diría que flotaban con la levedad que exhiben las prolongaciones de las medusas. Las que estaban en su cabeza, en cambio, eran más flexibles. Pero a veces se volvían opresivas y le provocaban un dolor insoportable.
        Tal vez por eso, un tiempo después, atento a una extraña voz interior que le susurraba que iba a dejarlo, la citó para un nuevo encuentro. Fue el último: no iba a dejarla ir... no podía dejarla ir.       
       
          La durmió, para llevarla al solar que había heredado de sus padres en las afueras de San Lucas. Dormida, le arrancó el corazón que guardó en un hueco cavado amorosamente a cielo abierto.
      Los restos fueron dispuestos sobre una pila de madera fragante. Ardieron y se consumieron totalmente, en un rito pagano.
        Dispuso las cenizas en el pozo, y lo coronó con un túmulo de tierra fértil. Allí se tendió desnudo y palpitante, ocupando el espacio construido en el efímero trozo que creyó robado a la eternidad. Estuvo inmóvil dos días y dos noches, ardiendo en fiebre y delirando.
        Las raíces se fueron abriendo paso a través de su cuerpo hasta desgarrarle la piel y los huesos, confundidas con las venas que ya no las contenían. Por fin, se hundieron profundamente en la tierra, hasta llegar al corazón de la amada.
        De allí nació una planta monstruosa que nadie vio, y que antes de marchitarse y sucumbir, dio una única flor que se deshizo en sangre.


2 comentarios:

efa dijo...

fiuuuu, mujer, me he quedado mudo. Son pocas las veces q me quedo así.
Impresionante!
Hay piezas que la mejor manera de disfrutarlas es releyéndolas.
Abrazo!

Nedda dijo...

Gracias por tu comentario. A veces tratamos de explicar lo inexplicable.
Me alegra que me visites!
Un abrazo también.