lunes, 24 de septiembre de 2012

La casa de la colina


          La casa de la colina parece frágil para soportar los embates de este viento; sin embargo es muy antigua.

          Está de cara al mar, rodeada por hierbas ondulantes que se atreven a llegar hasta el borde mismo de los acantilados. Detrás, un horizonte liso y curvo; nada más.
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          Este lugar no tiene nombre. En mi soledad, un temor indefinido se agita deliciosamente bajo la manta con que me cubro hasta la cabeza, mientras me acurruco en un sillón destartalado. Ahora no hay nada más importante que su textura y el calor que me mantiene viva.  Cierro los ojos con fuerza. En mi ceguera voluntaria, presiento la última luz del atardecer.


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          Las sombras que llegan arrastrándose sobre el suelo, irán transformándose en dedos oscuros que trepan por las paredes, para luego deshacerse y desaparecer, ya que son fugitivas por naturaleza.


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          En la habitación, un espejo vacío refleja el infinito. En su centro, sólo la casa de la colina, que tanto temo y tanto deseo...

viernes, 21 de septiembre de 2012

Sobrevivir


Caminamos siempre
por el borde de un abismo.
Las estocadas de la vida,
las da el tiempo.
Cada vez me reconozco menos,
aún sabiendo que
cada vez,
yo soy más yo.
Me sumerjo en el olvido voluntario,
de la rutina cotidiana.
Y en la terapia infalible
de vivir el minuto.