miércoles, 20 de julio de 2011

Amores fallidos de Nümenor (Final)

                                              Winlilith V

               He cambiado los acantilados por la popa de un barco. ¡Hay tanta muerte detrás nuestro! Una muerte grandiosa y terrible que de alguna manera nos hace humildes, porque solo podemos aceptarla

¨No importa si entiendes o no... ¿Me ayudarás?¨ dijo Helenna, porque quería entrar en el templo. Nuestra sangre estaba manchada para que pudiera cumplir su sueño, pero esperaba que la influencia de mi esposo pesara a su favor.
Esposo, esposo mío. Estabas conmigo al amanecer. Al despertarme aún sentía tu abrazo y la seguridad que me contagiabas por el solo hecho de amarme. Es el recuerdo de esa plenitud la que perdura en la mañana y no puedo creer que nos hayas resignado para irte a occidente.
          -¡Ya voy! ¡Qué pulmones tienes!

Dicen que avistaremos tierra de un momento a otro, pero tú no pudiste esperar ¿verdad? Corre el mar por tus venas, digno hijo de tu padre. Naciste marinero y el Capitán ha decidido hacerse cargo de tu educación ¿a qué crees que te dedicarás? 
Ah! ¿Cómo evitaremos que caigas en la soberbia? Serás un joven gallardo, sin duda. Me pasearé de tu brazo, orgullosa de las miradas codiciosas de las mujeres que nos crucemos por las calles. Y me vestiré de gris y me haré más pequeña, para que te luzcas aún más.
Y destrozarás el corazón de quien te ame. Porque está en el mar tu destino. Como lo estaba el de tu padre. Pero ahora estás aquí, en mis brazos. Y no puedes hacer otra cosa que dejarte querer. ¿No te sabe mal, verdad? Y haces bien en gozarlo, Melindol, porque aún tenemos un tiempo juntos, mi pequeño.
                                               


                                                                     (Gaeren – Marina Feltrin)

Amores fallidos de Númenor 7)


FREYA IV

     Entre nosotros los numenóreanos ya no queda ninguna esperanza. Las grietas ardientes que se abren tras los estertores de la tierra, las aguas embravecidas y los rayos incesantes que desgarran el cielo, confirman la certeza de nuestra derrota.

     Todo se derrumba. Las gentes corren de un lado a otro con los rostros llenos de espanto. Si nombran a Ar-Pharazôn, es para maldecirlo.
Sólo Sauron ríe, resguardado en el Templo, multiplicando los sacrificios para complacer a Melkor el Grande.

     Melindómol ya no pertenece a este mundo, mi corazón lo sabe. Por lo tanto, nada hay que me consuele ni que me ate aquí.
     Poco antes de su partida me detuve frente a él, y dejé que leyera en mis ojos; ya no pude seguir fingiendo indiferencia. Se conmovió... ¡Pude sentirlo! Tal vez recordó cuando éramos niños, y juramos al pie del Menltarma que no permitiríamos que nada ni nadie nos separase.
El destino nos jugó una mala pasada, y sus promesas quedaron olvidadas.

     La enemiga también ha desaparecido ¿Se habrá ocultado para esperar el final, o habrá logrado escapar de la isla con los rebeldes?

     Ya no me importa. Hoy soy yo quien está en los acantilados viendo acercarse a la Muerte, tan grandiosa como la imaginaba, y tan temprana como la deseo. La aguardo de pie: no temo a las fuerzas que me arrastrarán al abismo donde yacen las tinieblas de la condena.

     Mi única debilidad son estas lágrimas inútiles que se escurren sin mi consentimiento, y se secan con el viento.

     Veo una gran ola verde coronada de espuma, que avanza y se agiganta. Es como si el mar entero se vaciara para ir a colmarla, y transformarla en una muralla lista a desplomarse sobre Númenor. ¡Nada podrá resistir a tal monstruosidad!

     Si... es imposible que algo sobreviva. Pero aún cuando me hunda irremediablemente en lo más profundo, iré tras él una vez más, si es que el Oscuro permite que encuentre un camino...



Amores fallidos de Númenor 6)


             Winlilith IV



¿Irnos? ¿Sin mi Capitán? ¿Qué opinas tú? ¡Son rebeldes!
Cuando encontramos ese pasaje, oculto por el seto, lo seguí más por curiosidad que buscando la dirección que nos alcanzara el joven. La emoción de descubrir un pequeño misterio me embargaba. Era esa sensación que nos presta el secreto, que le da fascinación a las cosas más tontas, y aún sabiéndolo, no nos podemos sustraer a su encanto.
De improviso, nos topamos con un pequeño grupo de gente y las excusas que venía barruntando le echaría a quien nos topáramos por el camino se tornaron inocuas.  Nos hicieron lugar en la reunión, nos esperaban, y lo ocupamos tratando de desaparecer en el sitio que nos dejaron.
Cuando logré entender de qué hablaban lo primero que pensé fue en correr. Pero al tratar de hacerlo, crucé la mirada con  el esposo de Eilineth y transformé el gesto en una actitud interrogativa.

-¿Sabían que mi esposo es el Capitán Melindomol?

En cuanto lo dije me sonó fatuo. Pero se lo tomaron muy en serio y Arthad, con extremo cuidado y suma paciencia  comenzó a narrarme su parentesco con mi casa. Creo que no exagero, si digo que me quedé sin lágrimas antes de que terminara de contar la historia de mis padres. Recuerdos herrumbrados brotaron en mi mente mientras lo escuchaba, y se fueron hilando a la historia que narraba, completando el cuadro que me pintaba con tanta ternura. 
Mis padres eran fieles. Lo sabía, pero nunca había meditado en ello. Era un pensamiento peligroso, e innecesario para vivir.
El clima y el suelo se veían afectados por estas cosas ¡y yo en las nubes!
Sé que debería importarme ahora. Lo sé. He crecido.
Pero desde que muriera Helenna, tan extrañamente, no he podido expresar una palabra. Traté de evadirme por todos los medios y cuando al fin pude llorar; me quedé vacía. Liviana y vacía. Si no fueras mi ancla  estaría navegando en el aire. Estoy segura que mi cuerpo no tiene peso.  

                 
(Gaeren – Marina Feltrin)

domingo, 17 de julio de 2011

Amores fallidos en Númenor 5)



Freya III


   ¡Nunca pensé que fuera a caer en esta locura! Ya casi no soy dueña de mis actos.
 
   Nefrith empujó a otra esclava a la entrada del Patio de las Estatuas, e hizo que derramara íntegra la fuente de alimentos que llevaba. Fue tanto el alboroto, que todos acudieron a ver que pasaba.
  
   Entonces quedé sola en el Salón de los Banquetes y me acerqué a la copa recamada en brillantes, en la que sólo bebe Winlilith. Pero al tratar de verter en ella la esencia de la muerte, mi mano se negó a obedecerme.

   Tanto es el amor por ese hombre, que su sangre se ha vuelto sagrada para mí aún en contra de mis propios intereses ¡No mataré a su hijo!

   De todos modos ella no lo verá crecer: se lo quitarán apenas nazca. Entonces estaré libre para obrar.

   Pero el veneno me fue entregado para tomar una vida, y así será. Ya que la maldita aún no se desprende de su talismán de la buena suerte, será su hermana Helenna quien pague la deuda. Y su lugar es éste, justo a la izquierda del Capitán...


            (Haleth – Nedda González Núñez)


Amores fallidos en Númenor 4)


Winlilith III

 

   La cocina está alterada esta mañana, sirvientes y esclavos, y el mismo mayordomo, han estado cometiendo faltas sin sentido. Rompiendo la vajilla y dejando caer la comida.

Hasta donde logro entender, todo se debe a que uno de los sirvientes ha creído ver a Freya por la noche, rondando la casa.
¨Una buena amiga¨ dijo Melindomól al presentarla, y vi resquebrajarse el rostro patricio de la mujer en un gesto de dolor, mientras inclinaba la cabeza para saludarla.
Cuando cruzamos la mirada, ya había retomado el control de su expresión. Sin ese instante clarividente, solo podría considerar a Freya como una más de esta ciudad trastornada. Pero de alguna manera está atada a esta casa. Igual que yo.
Tal vez quiera ayudarme ¡Necesito una amiga! Helenna es demasiado joven para compartir mis pesares, o aún, para comprenderlos. A veces pienso que siempre será una niña. Sus pensamientos son claros,  sencillos como el vuelo de un pájaro.
Tal vez, sea Freya la mensajera que me anunció el hombre joven y hermoso que se acercó a mí, en el puesto de los cesteros, recitando

¨Camino triste,
en la orilla del mundo.
¡Te busco, Eterno!¨

Cuando lo oí, el corazón me dio un vuelco y tú pateaste con fuerza, pero no pude dejar de contestar

¨Quiero a tus manos
 entregar mi destino.
 Cierro los ojos¨

Y el terminó la oración:

 ¨Tu luz espero.
  Faro, delante mío
  Fin del camino...¨

Fue casi como estar en casa. Pero desapareció entre la gente, dejándome sola y temblorosa, con una multitud de emociones confusas que se agolpaban en mi cabeza, y no lograba recordar que había ido a buscar al mercado.
Cuando encontré la nota en mi canasta marcada con la inicial “M” de mi amado,  supe que era un secreto de los tres. Y no me sentí tan sola.

                                 (Gaeren – Marina Feltrin)

Amores fallidos de Númenor 3)

 
Freya II


    ¡Cómo se escurre el tiempo que falta para su partida!

   Anoche permanecí durante horas frente a su puerta disfrazada de mendiga,  contentándome con imaginar que era su sombra amada la que se vislumbraba a través de las cortinas que yo misma bordé.

   Lo imaginé en sus brazos, debilitado por palabras melosas e intrigantes. Y ahora que mi decisión está tomada, no cederé a la compasión ni al arrepentimiento.

   Fue ella quien se interpuso entre nosotros y sembró en mí la impredecible semilla de la desesperación.

   Él tampoco es feliz, lo he visto en sus ojos oscurecidos y en la línea que atraviesa su frente como una cicatriz.

   Un hombre como él no puede ni debe renunciar a su destino de grandeza, tan solo por acceder a los deseos de una advenediza sospechada de Rebelde.

   ¡Sería yo quien tendría que estar a su lado alentando su decisión y su coraje con mi devoción!

   ¡Ay! este Palacio me ahoga. Los relámpagos con que nos azotan los Señores de Occidente, lastiman mis ojos.

   Pero en vez de lamentarme buscaré la forma de verter en la copa de la intrusa, un veneno que no deja huellas y que pondrá las cosas en su lugar.

   No hay precio para pagar la felicidad que me espera, así que Sauron tendrá cuanto me ha pedido.

   Y si fracaso... ¡que la Muerte nos lleve a todos!

   Me he extraviado en mis propios pensamientos, y ahora veo que se acercan las esclavas que prepararán la mesa para el banquete de despedida ¡Será ahora, o nunca!



(Haleth – Nedda González Núñez)

jueves, 9 de junio de 2011

Tres haiku.


Mi canto es tuyo,
escucho tu silencio.
Simple armonía.

Cae la sombra.
Pero en el breve ocaso
arden los cielos.

Bosque profundo;
fogatas en la noche.
Las bestias sueñan...

viernes, 27 de mayo de 2011

"Amor profundo" Jaime Roos con "Falta y resto" Solista: Fredy Bessio




















































































Es el amor, es el amor,

Amor profundo

es lo que siento al cantar

poco hay en el mundo

que me haga así vibrar

En mi alegría
se esconde siempre un lagrimón
sé que todo termina
y que hoy juega hoy

Amor profundo
es lo que siento al cantar
poco hay en el mundo
que me haga así vibrar

En mi alegría
se esconde siempre un lagrimón
sé que todo termina
y que hoy juega hoy

Herido estoy,

por una pena loca

de la que no me curo

y así pasan los años y se ahonda

no afloja y pide que siga

y me parte la boca cuando canto

En este tiempo,
en este tiempo de antifaz
así cambien las modas
tuquero ahí estás

Siempre cantando
y siempre fiel a tu cantar
oye la misma calle
el barrio vive en mi

Herido estoy,
por una pena loca
de la que no me curo
y así pasan los años y se ahonda
no afloja y pide que siga
y me parte la boca cuando canto

Amor profundo
es lo que siento al cantar
poco hay en el mundo
que me haga así vibrar





lunes, 10 de enero de 2011

Tres Haiku 1



Sal y agua lloran,
crepúsculos marinos
que guarda el cielo.

Cae la noche.
Sobre el estanque fluye,
la voz del viento.

Sed infinita.
Y solo luz de luna,
sobre el desierto.